El aumento de la morosidad y el sobreendeudamiento se convirtió en una de las principales consecuencias sociales de la crisis económica, con un impacto especialmente fuerte sobre las mujeres, en particular aquellas que sostienen hogares y tienen responsabilidades de cuidado.
Según distintos estudios y organizaciones sociales, muchas familias recurren al crédito para afrontar gastos básicos como alimentos, medicamentos, servicios o incluso el pago de otras deudas. En ese contexto, las mujeres aparecen entre los sectores más vulnerables debido a ingresos más bajos, empleos más inestables y una mayor carga de trabajo no remunerado.
La expansión de billeteras virtuales y otras alternativas de financiamiento amplió el acceso al crédito, pero también incrementó los niveles de endeudamiento. Además de los préstamos formales, muchas personas recurren a familiares, amistades o redes informales para obtener dinero, sumando presión económica y emocional.
Frente a esta situación, se realizó el encuentro “Los feminismos contra las deudas”, donde especialistas y dirigentes analizaron el crecimiento del problema y presentaron propuestas para asistir a las familias afectadas.
En el Congreso también avanzan iniciativas orientadas a reestructurar deudas, limitar intereses y brindar herramientas de acompañamiento para quienes atraviesan situaciones de sobreendeudamiento.
Los distintos proyectos coinciden en un diagnóstico común: la deuda dejó de ser un problema individual y pasó a reflejar las dificultades de millones de personas para sostener consumos esenciales en un contexto de pérdida del poder adquisitivo.
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