NACIONALES | Malvinas ante una doble debilidad - Severo Frers

Publicado el 14 de septiembre de 2026, 15:12

Malvinas ante una doble debilidad - Severo Frers - Lic. en Relaciones Internacionales y Ciencia Política, Maestrando en Relaciones Internacionales – IRI-UNLP

Después de mucho tiempo, la Cuestión Malvinas vuelve a estar en boca de todos. Estos días han sido bastante movidos en relación a lo que es nuestro histórico reclamo de soberanía sobre las islas. Y en parte esto se ha debido a la expectativa que se generó por el anuncio que finalmente el presidente Javier Milei realizó por cadena nacional unos días atrás.

No obstante, estaríamos omitiendo una buena porción de la realidad si sólo explicáramos la vuelta de Malvinas a la agenda por una iniciativa o revalorización de la misma por parte del gobierno nacional.

Para comprender por qué Malvinas vuelve a ser un tema, hay que analizar el contexto en el cual se dan estos anuncios. Quizás, para sorpresa de muchos - y para enojo de otros - el primer antecedente que vuelve a poner la Cuestión de Malvinas sobre la mesa, haya que rastrearlo un tiempo atrás, cuando se confirmó que la Selección Argentina de Leo Messi iba a enfrentar a la Selección de Inglaterra en instancia de semifinales en la Copa del Mundo 2026. Podríamos decir que ahí comenzó todo.

Pero el verdadero elemento disruptivo de aquella jornada histórica para el pueblo argentino - además de lo que significaba esa victoria épica sobre el equipo anglosajón - fue el “trapo” que desplegó Giovani Lo Celso a la vista de todo el mundo, con un mensaje muy claro y contundente: “Las Malvinas son argentinas”.

Recordemos que antes del partido se había prohibido el ingreso al estadio de cualquier insignia que contuviese algún tipo de mensaje político, y, sin embargo, ello no constituyó un obstáculo para que el mensaje llegase a quien debería llegar. Con complicidad de los jugadores, quedó claro que había un acuerdo social tácito de que ese partido no podía ser tratado como un partido más.

Además de este primer antecedente, sin el cual no se puede comprender la cadena de eventos que se sucederían posteriormente, no podemos dejar de considerar la incidencia crucial que tiene el contexto internacional y el “factor Trump” en todo este proceso.

Hoy estamos frente a un momento del sistema internacional al que los analistas internacionales catalogamos como de “globalización redefinida”, donde la globalización no ha desaparecido como tal - como algunos pregonaban - pero sí ha sido modificada en sus términos originales, siendo ahora tamizada por factores de seguridad nacional, geopolíticos y geoeconómicos (el uso de la economía como instrumento de poder), que se suman a los tradicionales criterios de competitividad y eficiencia.

Y en ese marco, se suma la irrupción de un fenómeno rupturista como lo ha sido la llegada de Donald Trump al poder de la primera potencia mundial, que ha venido a plantear un profundo cuestionamiento de las tradicionales estructuras de poder mundial y del orden internacional liberal instaurado por el mismo Estados Unidos post Segunda Guerra Mundial.

Precisamente, una de las estructuras de poder que ha sido puesta en tela de juicio ha sido la misma alianza occidental, cuya agenda ha estado atravesada por la tensa relación transatlántica entre Estados Unidos y Europa.

Un síntoma de ello han sido los recurrentes ataques, críticas y reclamos que Donald Trump ha venido ejerciendo en contra de sus tradicionales aliados europeos por la escasa contribución militar y financiera a la seguridad de Europa y al mantenimiento de la OTAN (la alianza militar occidental), pero también por su escaso compromiso con la estrategia de bloqueo y presión que Washington ejerce sobre Teherán a causa del cierre del Estrecho de Ormuz.

Es en este marco que debe analizarse el último discurso del presidente Milei y las medidas anunciadas.

Porque, producto de este impasse en el seno de la alianza occidental, Donald Trump ha dejado entrever la posibilidad de reformular muchas de las definiciones tradicionales de la política exterior de Estados Unidos, entre ellas, su histórico posicionamiento hacia Malvinas, que más allá de su neutralidad declarada, ha sido permanentemente complaciente con el Reino Unido.

Y esto se refuerza con el alineamiento automático y el buen vínculo que la actual administración mantiene con la potencia hegemónica. En consecuencia, resulta difícil pensar este giro de Milei al margen de la señal previamente enviada desde Washington.

Ahora bien, más allá de la incuestionable incidencia del contexto internacional, tampoco podemos soslayar el peso de la variable doméstica, definida por el particular momento político y económico que está atravesando el gobierno de Javier Milei internamente.

A un año de que los argentinos volvamos a las urnas, los números no le están siendo muy favorables en las encuestas ni tampoco en lo que respecta a las metas económicas de su programa de gobierno.

Esta situación parece confirmarse a partir de algunos movimientos y tensiones dentro del propio gobierno; el cuestionamiento cada vez más recurrente de medios amigos; y el preocupante incremento del endeudamiento familiar para cubrir necesidades básicas.

En este sentido, la Causa Malvinas parece ser - una vez más - un señuelo o una puerta de salida para un gobierno cuya imagen se deteriora. ¿Acaso quien podría oponerse a un anuncio que vuelve a poner en valor la Cuestión Malvinas y que, sin dudas, genera expectativas en un pueblo movilizado por los recientes acontecimientos?

Sea por una y otra razón, bienvenido sea cualquier discurso y/o iniciativa que busque revalorizar y mantener vivo nuestro reclamo de soberanía sobre las islas. No obstante, hay que ser muy prudentes con este tipo de oportunidades que se presentan.

Por un lado, recordemos que la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido es una relación histórica, estructural, que va más allá de cualquier coyuntura o gobierno de turno. Es decir, existen intereses comunes que trascienden cualquier vicisitud coyuntural.

Además, en el marco de una política exterior de carácter transaccional, no sería la primera vez que Donald Trump “tira de la cuerda” para obtener concesiones en otros asuntos de su propio interés. De esta manera, Malvinas sólo sería la moneda de cambio para presionar a su viejo aliado.

Por otro lado, no olvidemos que este giro en la política exterior de Javier Milei se da tras casi 3 años de mandato, durante los cuales el gobierno libertario ha implementado un programa económico y una política exterior cuyos principales ejes han representado un profundo retroceso en materia de autonomía y soberanía nacional.

Todo ello sin mencionar su admiración por Margaret Thatcher o el momento en que expresó su deseo de que los habitantes de las islas votaran por ser argentinos, avalando implícitamente el principio de autodeterminación de los pueblos invocado por el Reino Unido, cuya aplicabilidad a la Cuestión Malvinas es rechazada por la Argentina y no constituye el criterio adoptado por las resoluciones de Naciones Unidas sobre la disputa.

Por lo tanto, ¿se trata de un anuncio meramente electoralista o hay un verdadero cambio en la percepción y orientación del gobierno?

Lo cierto es que el desafío es muy grande y todo dependerá de cuánto está dispuesto a cumplir de lo anunciado para poder confirmar si estamos frente a un verdadero giro en la política exterior del gobierno de Milei hacia Malvinas.

En este sentido, el control democrático y la rendición de cuentas se convierten en instrumentos fundamentales para que nuestros representantes se vean obligados a cumplir con lo que prometen y para que exista un costo político en caso de incumplimiento.

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